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Un gran día en Madrid

Que mejor que el Parque del Buen Retiro para un rato relajado y hasta de descanso. Aunque esto último, ni tanto, porque la realidad es que se camina mucho. Paseando por la Gran Vía llegamos a la Fuente de Cibeles y seguimos por el Paseo del Prado, deteniéndonos en la Fuente de Apolo y más adelante en la Fuente de Neptuno.

Dimos vuelta hacia El Prado, saludando a Velazquez y a Goya para subir por la calle de Felipe IV, girando para pasar delante de la Real Academia Española y llegar hasta la Estatua de Maria Cristina de Borbón, que se encuentra delante del Casón del Buen Retiro. El Casón originalmente fue un espacio de uso como salón de baile de la Corte de Felipe IV. Este edificio sobrevivió la destrucción del Palacio del Buen Retiro y apropiadamente queda frente a la Puerta de Felipe IV, una de las entradas al Parque del Buen Retiro. En la actualidad es parte del conjunto de El Prado.

Y como es nuestra costumbre para retomar fuerzas, nos detuvimos de camino para tomar un rico café, en la Cafeteria L’Academia. Un lugar encantador donde fuimos muy bien atendidos.

Llegamos a la Puerta de Felipe IV y nos adentramos al gran Parque del Buen Retiro. Caminamos tranquilamente, llegando hasta el Monumento a Jacinto Benavente, continuando luego por el Paseo Paraguay y encontrando más adelante la Fuente de la Alcachofa. A pocos pasos se encuentra el Estanque Grande del Retiro.

 

Llegamos al Palacio de Cristal, (ver nuestro articulo) obra inspirada en el “Crystal Palace” en el parque Hyde de Londres. Este palacio fue construido por el arquitecto Ricardo Velazquez Bosco en el 1887 con motivo de la Exposición de las Islas Filipinas. Esta estructura de armazón metálico está totalmente cubierto en cristal. Tiene a sus pies un lindo estanque visitado por una gran variedad de aves y con una gran fuente en el centro. En el Palacio de Cristal es utilizado para celebrar exposiciones de arte contemporáneo.

Los caminos del parque nos llevaron a La Rosaleda, un jardín que dicen cuenta con más de 4,000 rosales. El diseño de La Rosaleda es ovulada y contiene tres pequeñas fuentes y estanques. Cruzamos la Rosaleda para tomar el Paseo Fermín Núñez que poco a poco nos llevaba a la Fuente del Angel Caído. Supuestamente, esta escultura está ubicada a una elevación de 666 metros sobre el nivel del mar.

La escultura “El Angel Caído” es obra de un hijo de Madrid, Ricardo Beliver y fue galardonada con la Medalla de Primera Clase en la Exposición Nacional de Bellas Artes, celebrada en Madrid en el 1878. Y así, junto a este símbolo del pecado, había que detenerse en el Chiringuito para deleitarnos con un pecado obligado, unos ricos mantecados.

Bordeando el pequeño lago o estanque del Palacio de Cristal, llegamos a otro palacio, el de Velázquez. Esta estructura es otra obra del arquitecto Ricardo Velazquez Bosco. Nosotros llegamos allí pensando que encontraríamos el palacio del pintor Diego Rodriguez de Silva y Velázquez, conocido mundialmente como el gran Diego Velázquez. Para sorpresa nuestra, no era ese Velázquez, era otro que aportó muchísimo en la incorporación de materiales nuevos en esa época. En nuestro artículo “Palacio de Velázquez” pueden conocer más de esta obra arquitectónica.

Retomamos el Paseo Fermín Núñez, hasta llegar al Monumento a Martinez Campo en el centro de un estanque para luego caminar hacia el Estanque Grande del Retiro y el Monumento a Alfonso XII, que se encontraba en plena restauración. Aun así, pudimos disfrutar de este gran tributo a Alfonso XII. Era grato ver la gran cantidad de personas que se congregan alrededor del gran estanque, con sus botes de paseo.

Luego llegamos a la Casita del Pescador, con sus aves silvestres. Hay tantas cosas para ver en este gran Parque del Retiro.

Por la Calle de Alcalá, salimos del Buen Retiro, apreciando en el camino la Parroquia de San Manuel y San Benito para luego acercarnos a la Puerta de Alcalá y la Plaza de la Independencia.

Ya en la noche, nos encontramos con nuestro amigo, Gadiel, que nos esperaba frente al Oso y el Madroño en la Plaza del Sol, para descubrir nuevos rumbos madrileños. Tomamos la calle del Arenal, pasando el Teatro Real y la Plaza de Oriente y por la calle de Belén llegamos hasta el Templo de Debod, monumento egipcio.

Nos detuvimos en el Mirador para luego conquistar la Plaza de España, pasando junto al Monumento a Cervantes.

Más tarde, Gadiel nos llevó a conocer Casa Labra, para probar sus deliciosas croquetas de bacalao.

Buena conversación y más cañitas nos esperaron en la Fontana de Oro, donde sorpresivamente encontramos en sus bajos, una decoración medieval muy singular.

Un gran día de muchos descubrimientos en Madrid.

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