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Las vidrieras de la Catedral de Burgos

Al entrar a la Catedral de Burgos, jamás imaginamos lo sobrecogedora que puede ser y eso no necesariamente es algo negativo. Todo lo contrario,¡hay mucho que ver!

Lo primero que va a resaltar a la vista son las vidrieras o vitrales, que se combinan tan perfectamente con la piedra blanca de los muros y que desde el interior de la Catedral de Burgos se aprecian en todo su esplendor. Las formas geométricas, el resplandor y su colorido llaman inmediatamente la atención.

Lo más importante de estas vidrieras son la riqueza de estilos y las técnicas empleadas para construirlas. Según Pilar Alonso Abad, profesora de Historia del Arte de la Universidad de Burgos, las vidrieras cumplen tres grandes funciones en la catedral: cerrar los vanos de las paredes del edificio, transformar la luz blanca del exterior en una llena de color y complementar otras artes empleadas en la Catedral, como la escultura y la pintura. Y nosotros añadimos, que no hay mejor manera de relatar las escenas religiosas, que a través de esos vidrios artísticamente pintados, transformando la luz en color.

Desde la Edad Media hasta nuestros días, las procedimientos para hacer la vidriera han variado muy poco y su ensamblado continúa trabajándose con varillas de plomo.

Indica el vidriero y pintor, Enrique Barrios, que la vidriera comienza su proceso con un diseño, que se pasa como dibujo a escala natural a un cartón. Ahí se marcan todas las estructuras metálicas, los diferentes colores que componen el vitral y hasta partes de la decoración. Luego se cortan las piezas para encajar unas con otras, de los diferentes colores que marcó el pintor. La vidriera es un arte de fuego, al tener que someter el vidrio a temperaturas moderadas para lograr fijar las pinturas sobre ese vidrio. Así se funde el color y se fija sobre la superficie del vidrio. Para lograr los colores se aplican sobre el vidrio diferentes óxidos metálicos y de esta forma obtener diferentes tonalidades de color. Luego, se emplearon esmaltes que le añaden colores más vivos e intensos a las vidrieras.

Con el tiempo se añadieron otras técnicas y otras pigmentaciones, como es la sanguina, de color tierra roja. Esta por ejemplo, se utilizaba para crear las tonalidades de la piel de los personajes plasmados en los vidrios.

Se puede afirmar que las vidrieras de la Catedral de Burgos son uno de los mayores exponentes de la vidriera española. Claro, sin perder de perspectiva que es un arte que se trae a Burgos desde Francia.

De la Edad Media y con un estado de conservación excelente, son el rosetón de la Puerta del Sarmental y los óculos de las puertas menores de la fachada de la Portada de Santa María.

Según la profesora Alonso, en estas vidrieras medievales se halló un vidrio rojo que hasta el momento, es único de Burgos y su catedral. Por eso se le ha llamado, “Vidrio Rojo Burgos” y es un vidrio laminado con varias capas separadas entre sí de rojo con un vidrio base de color verde. Esto no significa que en el mundo no se pueda encontrar este rojo, sino que solo se ha encontrado en Burgos, específicamente en el Monasterio de las Huelvas y en la Catedral.

A finales del siglo XV y hasta mediados del siglo XVI, se asentaron en Burgos maestros llegados de Flandes, quienes aportaron a la edad dorada de la vidriera burgalesa. Así es que llega el maestro Arnao de Flandes, quien introdujo a la vidriera de Burgos un dominio técnico, formal y estilístico único. Es en la Capilla del Condestable de la Catedral de Burgos, que podemos encontrar un ejemplo de ese virtuosismo.

Cuando llega el Concilio de Trento y basándose en algunas disposiciones donde se identifica a Dios en las Sagradas Escrituras como un ser de luz, de claridad, es cuando se cuestiona entonces el color de las vidrieras. Así fue que en muchas estructuras de Europa se van retirando los conjuntos vidrieros para ser sustituidos por unos sin colores. España fue la excepción, al continuar con la producción de las vidrieras hasta mediados del siglo XVI.

Ya para el siglo XVIII resurge el gusto por las vidrieras y las artes decorativas. Esto llevó al estudio minucioso de las características de las vidrieras y todo aquello que pudiera alterar su composición, como lo puede ser el clima de Burgos, la contaminación, movimientos en los cimientos y vibraciones, entre otros. Es cuando se le da importancia a la fase de restauración y conservación.

En muchas ocasiones el objetivo de la restauración es recrear con vidrieras nuevas, las partes que se hayan perdido. Un ejemplo de ello es el Cimborrio de la Catedral de Burgos, donde se restauran las vidrieras antiguas y se completan las vidrieras que faltaban.

Según la profesora Alonso, el proceso de restauración de las vidrieras se lleva a cabo igual que antaño, se desmonta el ventanal de su ubicación original y se lleva al taller del vidriero para desde allí realizar las tareas de limpieza, consolidación y mantenimiento.

Felicitamos a la Unidad de Cultura Científica de la Universidad de Burgos, quienes han documentado las técnicas y materiales del vidrio burgalés con motivo del Aniversario 800 de su Catedral. Admiramos la gran investigación de la profesora Pilar Alonso Abad y al vidriero y pintor, Enrique Barrios por su dedicación para perpetuar este arte tan hermoso. A través de ellos, hemos podido conocer y apreciar la historia fascinante de las vidrieras de la Catedral de Burgos.

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Para la redacción de este artículo hemos consultado las fuentes siguientes: