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Ermita de San Antonio, Cáceres, España

Construida en el siglo XV por iniciativa de la familia Golfín, la Ermita de San Antonio está situada en el mismo lugar que ocupaba la Sinagoga de la Judería Vieja de Cáceres, también conocida como el «barrio de la Quebrada». La evidencia histórica que respalda este hecho incluye una licencia eclesiástica otorgada el 22 de septiembre de 1470 por el obispo de Coria, Íñigo Manrique, la cual autorizaba la conversión de la antigua vivienda en una ermita dedicada a San Antonio de Padua.

El exterior de la Ermita de San Antonio refleja la belleza de la arquitectura popular de la judería cacereña, situada junto a la muralla en el casco histórico, declarado Patrimonio Mundial, con el que se integra armoniosamente. Se aprecian sus muros blancos de mampostería y granito, así como un pórtico frontal adornado con tres arcos (uno principal y dos laterales), sostenidos por pilastras que realzan su carácter tradicional.

Es una ermita pequeña de planta sencilla, con una sola nave rectangular cubierta por una bóveda de cañón o de arista, adornada con lunetos. En el ábside de la Ermita de San Antonio destaca un retablo de estilo rococó, decorado con láminas de oro y una ornamentación exuberante, propia de su época. En este retablo se exhiben las imágenes de San Antonio de Padua, San Juan Bautista y la Sagrada Familia, rematadas con la figura de San Miguel Arcángel. Fue elaborado en 1767 por el tallista cacereño José González.

Entre 1661 y 1666, se llevaron a cabo reformas significativas que incluyeron la eliminación del techo de madera, la construcción de una cúpula sobre el altar y la cobertura de la nave con una bóveda. En 1975, se realizó una restauración en el exterior del edificio. Además, a principios del siglo XXI, la casa del ermitaño, adosada a la ermita, fue remodelada y convertida en un pequeño museo por una escuela taller de la Universidad Popular de Cáceres.

En cuanto a la devoción, el culto y las tradiciones de la Ermita de San Antonio, se sabe que en el siglo XVI ya formaba parte de la vida religiosa local como una de las veinticuatro ermitas existentes en la villa. Además, poco después de su fundación, se creó una cofradía dedicada a San Antonio.

Una de las tradiciones más arraigadas en la Ermita de San Antonio es la celebración del 13 de junio, festividad de San Antonio de Padua. En ese día, se oficia una misa mayor por la mañana, y por la tarde, la imagen del santo sale en procesión desde la ermita hasta la iglesia de San Mateo, recorriendo las calles del barrio judío. La procesión culmina con el popular «besacordón» y el canto de “Los Pajaritos”. La devoción a San Antonio se mantiene viva gracias a la labor incansable de familias locales y asociaciones, que organizan la novena, la fiesta y diversas gestiones caritativas, como el reparto de limosnas, en beneficio de los cacereños más necesitados.