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El Real Alcázar de Sevilla Parte 3: Jardines, Fuentes y Estanques

Los jardines constituyen un elemento fundamental del Real Alcázar de Sevilla. Son los más antiguos de la ciudad y desde su creación han sido sometidos a grandes alteraciones que han transformado su trazado primitivo.

En la Baja Edad Media se había logrado configurar un Alcázar con edificios de distintas épocas, pequeños patios ajardinados y grandes huertas. Reformados en el siglo XVI y a comienzos del siglo XVII, conservaron como herencia musulmana el concepto de jardines compartimentados sin ninguna vinculación entre ellos, al igual que lo habitual de las fuentes bajas, los azulejos y los naranjos.

Se trata de diecinueve jardines hermosos, de formas diversas, donde se pueden observar una buena diversidad de plantas. Y uno de los elementos que no puede faltar es el agua, que se manifiesta a través de fuentes y estanques.  Otro de los elementos que completan los jardines del Real Alcázar son sus pinturas y esculturas, que acompañan las fuentes y estanques.

Comenzaremos nuestro recorrido por el estanque más fotografiado del Real Alcázar de Sevilla, el de Mercurio. Se trata de la alberca o estanque antiguo que recogía las aguas que venían del acueducto romano, reutilizado por los musulmanes, conocido como los “Caños de Carmona”. Con estas aguas se regaba las huertas y jardines del Real Alcázar de Sevilla. A partir del año 1575 se transforma y se convierte en estanque, siendo coronado con una escultura renacentista en bronce del dios Mercurio, realizada por Diego Pesquera y fundida por Bartolomé Morel. Ese mismo artista fundió las rejas, las bolas y los leones que rodean el estanque.

Detrás del estanque de Mercurio se levanta un muro de 160 metros de largo que avanza en dirección noroeste-sureste por los jardines y que compartimenta la zona verde en dos áreas diferenciadas: a un lado los jardines primitivos y por el otro, la antigua zona de huertas que fue convertida también en jardines a finales del siglo XIX, en los que abundan los naranjos y limoneros.

El origen de esta construcción se encuentra en un antiguo lienzo de muralla almohade del siglo XII, que servía como defensa militar y para controlar las inundaciones del río Tagarete. En 1612, se transformó la muralla en la actual Galería de Grutescos y se decoró una de las caras de la muralla.

La ornamentación consistió en el revestimiento de los muros con hiladas de piedras diferentes y la pintura entre las piedras, con imitaciones de mármoles y frescos realizados por Diego Esquivel de escenas mitológicas clásicas. Las transformaciones llegaron hasta el siglo XIX, cuando esta zona adquirió el aspecto que presenta actualmente. Esta muralla cuenta también con una galería superior en donde se pueden apreciar unas vistas hermosas de los jardines del Real Alcázar de Sevilla.

La Puerta del Privilegio, atraviesa la galería del Grutesco para llegar al Jardín de las Damas. El Jardín de las Damas ya existía en el siglo XVI, aunque a una escala menor. A principios del siglo XVII, el arquitecto milanés Vermondo Resta lo extendió y rediseñó. De acuerdo con el esquema nuevo, el jardín sería un gran rectángulo dividido en ocho compartimientos a lo largo de un eje central con fuentes en las intersecciones de los caminos, y todo rodeado por una muralla con puertas y ventanas. Mientras que las fuentes de los paseos laterales son bajas y muy cercanas al suelo, la fuente central es de proporciones monumentales y coronadas por una estatua de Neptuno.

El jardín linda en el este con la Galería del Grutesco, con su monumental Fuente de la Fama. Es la única fuente de este estilo que queda en España. Se trata de una representación alegórica de la fama, cuyo mecanismo hidráulico ha sido recientemente restaurado. Produce notas musicales en los tubos de un órgano cada hora en punto al pasar el agua a través de ellos. Es el mismo mecanismo utilizado en la Fuente del Órgano de la Villa d’Este de Tívoli.

La Fuente de Neptuno está ubicada en el Jardín de las Damas del Real Alcázar. Tras la caída de un árbol que la destrozó por completo, en el 2013 fue restaurada. Lo que se conoce de su historia es que en diciembre de 1606 el comerciante Felipe Pinelo adquiere en Génova las piezas de mármol que componen la fuente, que serían vendidas al Alcázar para su montaje en los Jardines. Se dice que el parecido de la fuente sevillana con la pieza que Giambologna realizó en 1565 para la fuente de la Plaza de Neptuno de Bolonia es evidente, por lo que la de Sevilla, pudiera ser una reinterpretación de menores dimensiones de la pieza italiana. Se desconoce el artista que trabajó la escultura de Neptuno.

Tras la restauración, la fuente ha recuperado todo su esplendor y belleza, destacando el mármol italiano y la gracia del dios de los mares, que juega al equilibrio apoyándose sobre un talón.

El Jardín del Laberinto antiguo es del siglo XVI, desaparecido en 1910. La fuente es el único elemento que se conserva del diseño anterior. Representaba al Monte Parnaso y tenía como decoración figuras de alegorías mitológicas que servían de surtidores. El conjunto, del que apenas quedan elementos, representaría al dios Apolo rodeado de las nueve musas.

El nuevo Jardín del Laberinto del Real Alcázar fue diseñado en 1914, después de desaparecer el antiguo que estaba situado en el actual Jardín de la Cruz. Realizado con mirto, ciprés y tuya, se inspira en modelos renacentistas. Estos setos conforman distintos corredores que crean el trazado laberíntico.

El Cenador de Carlos V se construyó en honor del matrimonio del Emperador Carlos V e Isabel de Portugal. Tiene su origen en una qubba musulmana y mezcla el estilo tradicional mudéjar con el renacentista.

La sala es cuadrada con una fuente en el medio y un artesonado magnífico. Una ventana a cada lado facilita la corriente de aire para refrescar el interior. En la solería del pabellón está representado el trazo del laberinto antiguo. La cerámica que decora el pabellón es del siglo XVI, del taller de los hermanos Polido. El autor del Cenador es Juan Hernández.

El Cenador del León se construyó entre los años 1644 y 1645 por Diego Martín de Orejuela. Se trata de un espacio de planta cuadrada a la que se accede por un arco de medio punto. En los tres flancos restantes hay ventanas insertas en hornacinas. Esta estancia está cubierta por una cúpula con azulejos en el exterior. En frente hay una fuente con un león, de procedencia desconocida.

En la primera planta del lado opuesto hay una galería con arcos de medio punto y columnas de mármol dóricas realizada por Lorenzo de Oviedo en la segunda mitad del siglo XVI.  En un momento, aquí hubo un laberinto, pero se eliminó para colocar un suelo nuevo en el año 1599. A partir de este momento dejó de llamarse jardín del Laberinto y pasó a conocerse como «Jardín de Troya». En el centro hay una fuente con una taza de mármol, colocada entre los años 1675 y 1759.

Finalizamos el recorrido del Real Alcázar de Sevilla llegando al patio de Banderas donde se encuentra la puerta del Apeadero del Alcázar. El Apeadero es un vestíbulo rectangular con columnas. Fue realizado en el siglo XVII por Felipe III. La portada, de estilo manierista, fue diseñada en 1607. Felipe V situó aquí la Real Armería. Para ello, la sala fue reformada por Ignacio de Sala y Juan Vergel en 1729. En la portada se añadió un escudo real. En el Apeadero hay un retablo del último tercio del siglo XVII que muestra la presentación de la Virgen María en el Templo de Jerusalén.

La visita al Real Alcázar de Sevilla hay que hacerla sin prisa, tomándose el tiempo para disfrutar de este espacio tan maravilloso que tiene tanto que ofrecer. Cualquier época del año es buena para visitar el Real Alcázar. Sin embargo, es al final de la primavera y a principios del otoño las épocas más cómodas y frescas para disfrutar de un buen recorrido, especialmente por sus jardines.

 

 


Fuentes consultadas:

  • https://es.wikipedia.org/wiki/Real_Alc%C3%A1zar_de_Sevilla
  • https://www.alcazarsevilla.org/historia/